viernes, 10 de junio de 2011

DE LA CAVA DEL PATRÓN. What Day is Today?


Lucas podía contar su edad con los dedos de una sola de sus manos y le sobraban aún algunos cuando su Padre, el recio Ing. St. Martin tuvo la genial idea de despertar a sus hijos mostrando un cartón rectangular con el principio de la palabra movible y el final fijo.

Lo construyó en la fábrica de pinturas donde laboraba, con un sistema de impresión para cubetas y barriles, llamado estarcido. La máquina era como un "dymo" gigante que perforaba cartones con las letras y una brocha autoentintable permitía la transferencia de las frases a las superficies. Así creó la parte final con el sufijo "day". Cada mañana, cambiaba el principio de la palabra según el día le correspondía.

Inició la páctica fonética del idioma inglés desde temprana edad en sus tres hijos, Lucas el mayor, su hermana y el menor al momento, su hermano Lelo. Levantaba del sueño tibio y acogedor a los tres y los llevaba aún en ropa de cama al pasillo de la planta superior donde estaba ya colocado el letrero y preguntaba orgulloso a los tres despistados que aún luchaban por enfocar restregándose los ojos:

What day is today?

Y tenían que responder lo que estaba escrito, Monday, Tuesday, Wednesday, Thursday, Friday, Saturday o Sunday antes de poder pasar al baño.

Todos los días fué así mientras vivieron en esa casa. La mudanza cinco años después, enterró en los recuerdos la práctica más no el conocimiento.

Esa imágen aún perdura en la mente de Lucas con suma claridad. Friday, today is Friday...

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viernes, 22 de abril de 2011

DE LA CAVA DEL PATRÓN. Charleston.


¡Bailemos Charleston, Charleston! era la cantaleta que le enseñaron a Lucas en el kindergarten. Menos de 6 años, bigote pintado por su hermosísima Madre con el lápiz delineador de cejas, corte de pelo pulcro, saco de colores en rayas verticales y corbata de moñito, coronado con un sombrero de carrete, debía cantar y bailar el Charleston.

Aunque se sentía terríblemente ridículo, había que formar parte del grupo de pequeños que debían presentar la coreografía de 40 años de edad (recordemos que esa música estuvo en su apogeo en la década de los veintes) y era el homenaje que alguna mente femenina concibió "lindo" presentar en el festival del día de la madre.

Día tras día, contra los deseos de los pequeños inquietos debían aprender a saludar con el carrete, caminar alegremente y hacer el paso más conocido chocando y alejando las rodillas entre sí mientras las manos se cruzaban sobre ellas.

Todas y cada una de las festejadas se esmeraron en completar la vestimenta y pulir el apariencia de su joven artista, corriendo de una casa comercial a otra, cruzando la ciudad (que en ese tiempo no era la odisea actual) y cumpliendo en tiempo y forma con lo requerido por el colegio.

El día en cuestión era natural encontrar a muchos niños con sus madres, pues los padres estaban atados al trabajo y era impensable un permiso para asistir a un evento de tal corte. Lucas veía a su hermosísima Madre con ojos de orgullo y amor, mientras recorría el escenario brincando, bailando y cantando:

Bailemos Charleston, Charleston...

Jijos, lo que le ponen a uno a hacer de chiquito. Rayos...

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viernes, 4 de febrero de 2011

DE LA CAVA DEL PATRÓN. El Roñol.


Después de que Lucas empezó a trabajar formalmente a sus 17 años para una institución financiera (que por cierto financió la construcción del estadio Jalisco de futból), consideró la loca idea de comprar un auto. Las razones eran: la lejanía de la casa y el trabajo, la independencia de movimiento, la reducción de costos y que carambas, algún día habría que comprarse uno se dijo internamente.

Solicitó informes en el departamento de personal de su trabajo y se enteró que debería cumplir al menos un año de laborar ahí, por lo que abonó una gran cantidad de paciencia y mientras, analizó las posiblidades, ya que por su nivel de sueldo (casí escribo suelo pues por ahí estaba) no alcanzaba para comprar uno nuevo. Y las opciones de los usados, se centraban en los realmente viejos.

Al mismo tiempo, asistía a la escuela preparatoria durante la noche. Y en compañía de sus amigos se enteró que uno de ellos supo de una oportunidad estando cerca de cumplir el plazo de espera. Un vecino suyo vendía (más bien, remataba) un auto en condiciones muy baratas. Cuatro puertos, motor de cuatro cilindros, rendidor y en buen estado. El precio era de $6,000.00 y la marca, Renault. El modelo era un Dauphine 1964, auto que al salir al mercado lo hizo a todo lujo. Sin embargo, ya había vivido sus mejores tiempos y aunque efectivamente estaba en estado decente aún, la edad se le había venido encima.


Con un palo de escoba detuvo el respaldo del copiloto, con una tapa de garrafón de agua cubrió la toma de combustible y con el sobrante del préstamo personal, compró un autoestereo y bocinas que instaló durante el primer fin de semana en que lo llevó a casa.

Lo lavó, aunque notó que era peligroso frotarlo con vigor pues se llevaba el trapo la pintura rojo óxido que aún le quedaba en la superficie. Se dedicó a reparar las luces, las luces direccionales pero su orgullo era el autoestéreo. Lucas podía escuchar música a su gusto cerca y lejos de casa sin que su hermosísima Madre censurara sus gustos. Sus amigos, estaban encantados pero mucho más divertidos viendo a semejante carromato llegar. Sin claxon que sonar, todos coincidieron que el nombre tan particular del auto sería EL ROÑOL.

Jijos de su mal dormir...

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viernes, 28 de enero de 2011

DE LA CAVA DEL PATRÓN. Rally.


En 1974, llegó el día en que Lucas cumplió 14 años. A pesar de que su cumpleaños sería en lunes, decidió que quería una fiesta el sábado anterior, el 26. Planeó cuidadosamente los detalles concernientes a la diversión pues la parte de alimentación correspondía a su hermosísima Madre.

Habría que cuidar detalles desde la llegada de sus amigos y compañeros de la escuela, eran ambos los invitados más importantes: unos de aventuras y diversiones en libertad y los otros, colegas en encierro. La cuestión a resolver más importante era que hacer para que pasaran un rato agradable y no se aburrieran, que exactamente el lunes cuando sería su cumpleaños real no se hablara en los pasillos, recreo ni el salón que Lucas aburrió mortalemente a todos.

Se devanó los sesos analizando las posibilidades hasta que una luz ligera y tenue asomó en su cerebro. Las neuronas daban el resultado correcto al enigma y poco a poco tomó forma la idea central. Formaría parejas que en conjunto resolvieran los planteamientos que les llevaría a la siguiente prueba. Eso era, un rally a pie, con artículos escondidos alrededor de su casa, en la calle, en los arbustos, entre las piedras y cruzando los terrenos baldíos. Así podría entregar en un sobre cerrado la siguiente pista a resolver mientras se empleaba una buena dosis de astucia, conocimientos y el correr apresurado para emplear el menor tiempo, pues un premio muy codiciado sería entregado a la pareja ganadora.

Faltaba solamente determinar esa zanahoria que llevaría a sus invitados a transcurrir emocionados la prueba completa. Después de consultar con su progenitora y recibir propuestas muy adultas, se concentró Lucas en aquello que podría llegar a ser apetecible por sus compañeros y coetáneos.

Pensó y pensó, analizó y volvió a pensar. Era indispensable que surgieran propuestas válidas y factibles, pues el tiempo corría y no había creado algo sustancioso de pistas y enigmas para el rally. Pero un día inefable en que se vió arrastrado por su hermosísima Madre al supermercado, encontró la solución: la convenció de adquirir dos ejemplares de "El Principito" que serían entregados a los ganadores. Así pudo dedicarse a construir los enigmas asesorado por varios volúmenes de su inseparable enciclopedia "Salvat" y el ingenio necesario para ocultar en los sitios circundantes a su casa los objetos que cada equipo debía descubrir. Escribió los mensajes que encerró en sobres solicitados a su Padre, el recio ingeniero Saint-Martin.

Y con todo lo necesario creado, colocado y escondido, llegó el día esperado. Las parejas fueron formadas, los primeros sobres cerrados y engomados, entregados. De dos en dos, salieron corriendo en todas direcciones hasta concluir el evento. ¿Quien ganó? Lucas no lo recuerda, pero ni falta que hace, pues la respuesta sigue viva en su mente.

TODOS. Todos se divirtieron horrores y durante la semana el tema central en su escuela fué lo bien que la pasaron durante el decimocuarto aniversario de Lucas.

Bien hecho.

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sábado, 22 de enero de 2011

DE LA CAVA DEL PATRÓN. Para Ser Felíz.


Esa noche, Lucas despertó súbitamente de un sueño profundo como se tiene a los 10 años. Ignorando lo que lo trajo a la concienca, abrió los ojos y fijó la vista en el techo, en ningún punto en particular. Entró de inmediato en una ensoñación donde las ideas corren a toda velocidad y por largo trecho sin dormir.

Sin saber como, apareció una pregunta que le fascinó ¿cuando será felíz? Cavilando por algunos minutos, decidió que la vida no tiene un momento para ser felíz, que eres felíz en la vida o no lo eres. Así que replanteó la pregunta a ¿cómo ser felíz?

Eso ya le sonó mejor y con mas sustancia para trabajar. Analizó su corta vida y encontró muchos momentos felices, muchas razones para divertirse y disfrutar de su existencia y de súbito, le llegó la iluminación: así que ser felíz no es cuestión de edad, momento en la vida o posesiones. Descubrió que ser felíz es una tarea diaria, del minuto presente. Y llegó a esa conclusión al preguntarse ¿cómo ser felíz ayer o hace rato? No se puede. O bien, ¿cómo ser felíz mañana o al rato? Tampoco se puede. Descubrir que sólo se puede ser felíz en éste preciso instante, en el momento en que estás viviendo cambió su vida para siempre. Así que se enteró que sólo en el presente puedes vivir la vida, sólo en ése preciso instante puedes sentir, y si escoges que sentir, pues mejor aún.

Por lo tanto, a esas altas horas de la noche, en silencio, acompañado solo por sus pensamientos dictó sentencia cuando comandó que sería felíz siempre. Eso estaba bien, aunque faltaba ver como hacerlo. Para resolver la manera de ser felíz en su vida empezó por darse cuenta que si añadía días felices a su vida, la vida sería mejor que siendo infeliz. Y para tener días felices, era necesario como en un collar, añadir cuentas felices. ¡Eso es, por supuesto! Mientras más momentos felices tienes en el día, más felíz es tu día.

Así que decidió que a partir de ése momento, no habría nada ni nadie que pudiera hacerlo infelíz. Él y nadie más que él decidiría que sería felíz.

Y han pasado 4 décadas de ése momento. 4 décadas de felicidad.

Si señor.

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viernes, 14 de enero de 2011

DE LA CAVA DEL PATRÓN. Avena Ajena.

Sábado por la mañana, invierno, día frío. En la cocina, la hermosísima Madre de Lucas ejecuta su danza perfecta frente a las cazuelas generando un sabroso desayuno. Una en particular, hierve furiosamente despidiendo un aroma dulce a canela, invitando al que se acercara a salivar. Una cuchara de peltre evitaba que se pegara al fondo y se chamuscara.

Lucas apareció invitado por la deliciosa mezcla de aromas y su hermosísima Madre vió la oportunidad de unas manos auxiliares por lo que dictó instrucciones perentorias para que vaciara el contenido humeante en el plato de hierro del perro.

Lucas levantó una ceja en señal cuestionante, pero ni eso era prudente de "tet-a-tet", por lo que bastó que se alzara la cuchara de pletre para que el ayudante saliera disparado al patio por el susodicho traste. Una vez recibida la masa humeante y dulzona, lo llevó a enfriar colocándolo en la pileta de agua que servía para alimentar al lavadero, a la lavadora y al tinaco por medio de una bomba eléctrica. En suma, esa pileta era una cisterna abierta.

Mientras el agua helada le robaba calor al amasijo de avena, la salivación de Lucas le indicó que era necesario probar la mezcla. Con la cuchara de peltre que aún estaba en el cacharro, llevó un poco a su boca y pudo saborear una explosión cremosa, con canela y dulce. Era estupenda y veía la razón por la que el perro lo miraba atentamente meneando el rabo.

Así estuvo removiendo el compuesto llevando de vez en cuando una cucharada a la boca, hasta que un grito aterrador le hizo brincar provocando que el cuenco del perro estuviera a punto de naufragar en las heladas aguas de la pileta y quedando a unos milímetros de un desastre ecológico en ese microambiente. "Niñoooooooooooo, ¿qué haces? Deja de comerte eso que es del perro. Andale, dáselo ya y te hago adentro avena con leche".

Ya repuesto del susto, Lucas le entregó al can su desayuno y entró resignado a tomar un plato de avena lechosa, viendo perdida la oportunidad de un delicioso "Podrige" canino.

Resignación, chavo, resignación...

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viernes, 17 de diciembre de 2010

DE LA CAVA DEL PATRÓN. Dormir Menos


Durante una noche falta de sueño, Lucas miraba fijamente al techo con sus diez años a cuestas analizando el porqué era necesario dormir cuando había tantas cosas por ver en la vida. Imaginó lo que sería salir a jugar durante la noche, en vez de pasar tantas horas acostado.

Y no era insomnio ni enfermedad la que acosó al niño esa noche. Era una combinación genuina de curiosidad intelectual y retraso en la función de descanso. Adaptando su visión a la oscuridad pues la casa completa estaba en la función "DORMIR" por órdenes maternas, no había luz alguna encendida. Así que doblando los brazos bajo la cabeza, esperó pacientemente a que se fueran revelando patrones en el tirol del techo. Y tuvo tiempo suficiente para sembrar en su mente creativa la pregunta: ¿Para qué dormir si hay tanto que ver en la vida?

Empezó analizando la necesidad de caer en somnolencia y concordó con el hecho de que era una manera conveniente de recargar baterías, pero ¿tanto tiempo? Había aprendido en la escuela y en labios de su hermosísima Madre que los niños requería forzosamente de dormir entre 8 y 10 horas diarias. Caramba, pensó, es entre la tercera parte hasta casi la mitad de un día por lo que pasaría demasiado tiempo de su vida en inconciencia, sin saber lo que ocurría a su alrededor.

Eso, fue algo que no estuvo dispuesto a hacer ni a permitir. Un pensamiento iluminó como poderoso reflector a su cerebro, a falta de cualquier luz artificial. Lucas dormiría menos compensando las horas no dormidas con un sueño mucho más profundo. Claro que era más fácil decirlo que hacerlo por lo que continuó la vigilia ideando la manera de lograrlo, hasta que se dió cuenta que era necesario empezar por un relajamiento para llevar tanto a su cuerpo como a su mente hacia en descanso de menos horas pero con mayor efectividad.

Imaginó que estaría bajando una escalera marinera con cuenta regresiva de diez a cero para imaginar que desde la coronilla empezaba la soltura, abandonando el cansancio hacia la parte baja del cuerpo pasando por hombros, torso, brazos, piernas y saliendo por los dedos de los pies. Ahí, iniciaría el retorno hacia arriba de la escalera contando de cero a diez y ordenando a su ser el descanso reparador.

A partir de esa noche, Lucas duerme entre 5 y seis horas diarias a profundidad, habiendo generado un reloj biológico asombrosamente exacto que le devuelve a la vida faltando 15 minutos para las seis de la mañana. En ese instante, brinca de la cama como si quemara y no regresa hasta pasada la media noche.

Vaya cosa tan rara, ¿verdad?

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viernes, 3 de diciembre de 2010

DE LA CAVA DEL PATRÓN. Fuego.



Lucas entró a su clase inmerso en la protección de la masa que formaron sus compañeros, tomó su asiento al lado de su entrañable amigo Dino, con quien formaba el dúo Kualchon Power que se creó por que así lo quisieron sin propósito alguno, sin preocuparse por darle un objetivo a esa unión ni ser distintos a los demás. Son de esas cosas que surgen y ya.

Mientras iniciaba la clase, Dino le mostró subrepticiamente a Lucas un encendedor en miniatura de la famosa marca Zippo, era un llavero pero con una exquisitez portentosa. Emitía suficientes chispas y realmente generaba flama en el mechero. Picado por la curiosidad, pidió prestado el aparatito y procedió a encenderlo pletórico de éxtasis bajo la cubierta de su pupitre.

El aparato obedeció fielmente los comandos e hizo exactamente lo que se esperaba de él, producir una chispa e inflamar el mechero empapado en combustible. Pero Lucas jamás vió que bajo su pupitre había una enorme cantidad de papeles desechados por sus anteriores ocupantes, que ante la presencia de la flama, iniciaron la combustión.

Al darse cuenta el muchacho, manoteó en un intento por sofocar las llamas que amenazaban con crecer a niveles alarmantes. Tuvo éxito en esa acción pero el humo del fuego apagado, creció denso y gris subiendo desde el pupitre hasta el techo ante la mirada desesperada de Lucas, las carcajadas estertóreas de Dino mientras recibía de regreso el encendedor y la frase acusadora de Everardo: "...ay, saint" todo lo cual llamó la atención del maestro que al voltear se encontró con una escena rara vez vista en un salón.

Lucas y Everardo terminaron castigados en la dirección por piromaníacos, por romper el órden y poner en riesgo a toda la escuela. Esos fueron los cargos leídos ante los padres citados ante la gravedad del asunto.

Sin embargo, jamás se convirtieron en criminales y la escuela siguen en su lugar.

Hombre, es que cada quien ve las cosas a su modo.

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viernes, 26 de noviembre de 2010

DE LA CAVA DEL PATRÓN. Campamento.

Durante su paso en la juventud, Lucas convivió con una serie de personajes salidos de novelas, caricaturas e incluso programas de TV. De saborear aventuras infantiles plagadas de imaginación y creatividad, entraron bruscamente a la realidad.

Y entre ellos se gestó la idea de hacer un campamento durante las vacaciones primaverales (llamadas por acá "semana santa" que carece totalmente de precisión pues dura 4 días, que no una semana y dista diametralmente de lo santo) por lo que se dedicaron a conseguir tiendas, mochilas, enseres de cocina, lámparas y comida pues la bebida se compraría en el lugar.

Entusiasmados por la perspectiva por venir, abordaron un autobús que les llevara a Valle de Bravo en el estado de México, una cuenca inundada por la creación de una presa a fin de generar electricidad rodeada de montañas espectaculares y un pueblo pintoresco. Previo permiso materno con su respectiva "cartilla" leída al dedillo, salió con sus amigos hasta arribar al pueblo donde adquirieron lo que su dinero pudo pagar, un par de botellas de vodka barato y jugo de piña.

Una vez escogido el sitio, se armó el campamento basado en la presunta destreza y experiencia de los que habían hecho eso con sus padres en el pasado. Experiencia que probó ser una mera presunció pues con la primera lluvia hubo que reubicarlo y reorientarlo para evitar que entrara el agua que corría a raudales precisamente en donde se apostaron.

Se dividieron las tareas correspondiendole a Lucas y a otro chico la de alta importancia, conseguir leña para la fogata y poder cocinar la cena. Instalados, apertrechados y con la cena en proceso, salió la guitarra bajo un manto estelar y un frío que pelaba los dientes. Estando en esa bucólica atmósfera, de repente se acercó tambaleandose un individuo flaco, andrajoso y desgreñado saludando en 360º para no cometer omisiones y solicitó de los muchachos ayuda para obtener mariguana que fumar (por lo que se le apodó el cucaracho). Las miradas se cruzaron rápidamente y Lucas decidió levantarse, acudir a la "alacena" (sitio bajo un flanco de una de las tiendas) donde sacó un envoltorio de papel aluminio y se lo entregó al cucaracho que al desenvolverlo arrugó la nariz y lo devolvió con éstas palabras: "A mí no me engañas, ésto no es mariguana". Claro, era orégano para cocinar. Pero no cayó en la trampa.

Y al referirle a su familia el suceso, se adoptó la frase durante muchos años para advertir que alguien no estaba diciendo la verdad.

Ah jijos, lo que uno ve al salir de casa.

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viernes, 19 de noviembre de 2010

DE LA CAVA DEL PATRÓN. La Cadera de Frida.



El domingo pasado Lucas abrió los ojos antes de las 6 de la mañana, a pesar del desvelo que le causó visitar a su amigo Pachequín, habiendo botaneado y libado decentemente, y acostado a eso de las 2. Pero la costumbre es fuerte y aprovechando el empujón de la realidad, decidió medio vestirse y sacar a sus dos perras que sin importar el día de la semana, adoran el paseo tempranero.

Así que tomó sus llaves y les abrió la reja para que estiraran los músculos rumbo al parque, olisqueando por doquier, observándolo todo y extasíandose con el coro gigantesco de pájaros que inician su día. Todo transcurría con normalidad hasta que al llegar al fondo del parque, el punto más alejado de su casa, encontraron entre la maleza crecida por los aguaceros a un gato agazapado.

Frida, la Rottweiller al toparse con él se emocionó tanto que efectuó un giro brusco para perseguirlo. Pero inmediatamente dejó ver que algo andaba mal. Lucas vió aterrado como las patas traseras y la cadera rebotaban en el suelo sin control, sin tono muscular, sin fuerza. Cuando pudo controlarla se dió cuenta que no le sostenían las patas traseras a la perra, que únicamente podía jalarlas con las delanteras. Intentó hacerla descansar para después continuar la marcha pero fue inútil. Parecía sin vida la parte trasera.

Sin vacilar, la tomó en brazos y cargó con su estructura pesada hasta la casa. Al dejarla en su perrera, no pudo incorporarse así que reportó el incidente a una hora más prudente a sus veterinarios, Melesio y Editho. Le instruyeron que administrara tal y cual calmante-desinflamatorio y la llevara a la clínica el martes pues ni domingo ni lunes habría servicio. Una vez revisada, radiografiada y valorada, se determinó que se imponía una cirugía mayor: la cabeza femoral estaba fisurada a punto de desprenderse y a sus casi 12 años, entró al quirófano.

Hoy está en recuperación, convaleciendo en el comedor, apetente, de buen ánimo y desesperada por salir a buscar más gatos.

Calma Frida, calma. Pronto podrás, así lo espera Lucas...

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lunes, 15 de noviembre de 2010

DE LA CAVA DEL PATRÓN.Enchilado.


Lucas fue invitado a una de sus primeras fiestas de adolescentes, cuando su compañero Ernesto cumplió años, habría música, comida y refrescos.

Todos se esmeraron en su aspecto, procurando verse más maduro que el resto, incluso las chicas, deseaban verse totalmente alejadas del uniforme escolar, mostrándose más mujer.

Su hermosísima Madre, llevó al púber a la dirección referida y lo dejó en la entrada, no sin antes leerle el reglamento familiar y recomendarle compostura y recato, por favor.

Al entrar, Lucas encontró un ambiente tal y como lo había imaginado: sin adultos, puros jovencitos, música de moda y mucha diversión. Saludó a sus amigos y departió entre risas y carcajadas.

Avanzada la renunión, se vio en la cocina de la casa junto al festejado y un par más de cuates elucubrando que hacer para divertirse mas aún. Ernesto tuvo una ocurrencia al ver un tazón de cristal repleto de chiles jalapeño encurtidos y ofreció un billete nuevecito de diez pesos a quien se comiera uno de un solo bocado.

La tentación fue mucha para nuestro rapaz así que tomó el reto, el chile y despus el dinero. No sintió que fuera la gran cosa, asé que decidió a partir de ese instante que podía comer libremente cualquier cantidad de picante.

Al siguiente día, fue llevado a la comida familiar en la casa de los abuelos celebrando el regreso de su tía Pi de tierras yucatecas quien hizo gala de las recién aprendidas recetas presentando queso relleno, panuchos y cochinita pibil con todos sus aderezos entre ellos una salsa llamada xmepek (voz maya que significa nariz de perro) hecha a partir de chile habanero asado al comal, picado con cebolla y remojado con jugo de limón con sal.

Con la mesa ya dispuesta, pidió un plato de cochinita pibil, tortillas y acercó el tazón de la salsa y se sirvió con alegría en el taco, ante la mirada azorada de todos sus familiares. Con el primer mordisco llegaron una oleada de lava encendida y las carcajadas de los asistentes al ver lo rápido que se le encendió el rostro.

Veinte largos minutos le duró el enchilamiento con un moqueo imparable de la nariz (de ahí el nombre xmepek, que por cierto se pronuncia shmépec) y una hora el entumecimiento de la lengua. Cuando pudo regresar al comedor, pidió una buena rebanada del queso relleno y alejó el chile habanero de su vida, hasta que llegó a vivir como adulto al caribe mexicano, donde recordando ese fin de semana, se convirtió en un fiel devoto del habanero, incluso cultivándolo en su jardín.

Pero, que fuerte estuvo esa enchilada.

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viernes, 5 de noviembre de 2010

DE LA CAVA DEL PATRÓN. Ticking Away.


Ese era un domingo que apuntaba a ser como cualquiera, de los muchos que tenemos en la vida y pasan sin eventos dignos de recordar. Pero para Lucas, habría uno que lo marcaría para siempre en su memoria.

Cargó con sus discos LP y el reproductor portátil de su Padre para escuchar música mientras llegaba el momento de comer en la casa de sus tías. Al llegar y después de saludar a los presentes, subió precipitoso a la recámara de su tía Lupe, quien le permitía conectar el fonógrafo y así escuchar aislado al volúmen de su gusto sus tesoros. Uno de ellos, era una de las joyas en toda la historia del rock, EL LADO OBSCURO DE LA LUNA de Pink Floyd.

Llegaba el rumor de las charlas desde el piso de abajo mientras limpiaba el disco y colocaba el aguja sobre el inicio de la obra. Una vez ajustado el nivel del volúmen, tomó la cubierta y se acostó en la cama para seguir las letras conforme eran cantadas. Pronto, sus ojos se posaron sobre las primeras palabras de una de sus piezas favoritas, TIME, que se reunían en una frase que le intrigó: "ticking away, the moments that make up a dull day..." ¿Qué carambas significaba eso, que quisieron decir los Floyds?

Se exprimió Lucas el seso y no logró sacarle sentido, así que decidió detener la música y tomar la portada para averiguarlo.

Mientras, en la sala transcurría muy animada la charla entre una alaraca digna de un manicomio, o bien, de un mercado dominguero al medio día. Entre los asistentes, estaban José, su primo y JoAnn su esposa de orígen estadounidense quien se integraba a la vida mexicana. Hablaban de muchos temas, cada quien tratando de hacerse escuchar sobre cada una de las voces y el torrente de palabras que formaban el conjunto. Ese era el panorama cuando apareció el muchacho con la portada negra del disco en sus manos y sin mayor preámbulo le preguntó a JoAnn sobre el significado de esa frase.

-Ah, ticking away, segnifica qui el tiempou si puede dejarr pasarr o desperdiciarr, viendolou irrse.

Entonces le cayó el significado completo a Lucas, comprendiendo que lo que uno hace con el tiempo es lo que uno hace con su vida, con su propia existencia.

Y desperdiciarlo, es un crímen. Lucas de manera irremediable tiene asociada a JoAnn con esa pieza, cada vez que la escucha, su prima política, gringa de nacimiento, mexicana por convencimiento, llega a su mente.


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viernes, 29 de octubre de 2010

DE LA CAVA DEL PATRÓN. El Rayo Láser.



Era una tarde como cualquiera, sin mayor importancia que la salida del sol y la certeza de que llegaría la noche. Los sucesos cotidianos ocurrieron sin sobresaltos y Lucas estaba en su habitación haciendo la tarea que debía entregar al día siguiente, cuando escuchó la campana de su casa y a su hermosísima Madre que le avisaba que su amigo Joaquín estaba buscándolo afuera. Se levantó rápidamente para ir al encuentro del Sasquash (muy bien nombrado así por Pompillo quien conoció la leyenda de Pie Grande y le equiparó las greñas con el bípedo).

El saludo breve fue interrumpido por el entusiasmo desbordante que dejó sin habla a Lucas, ya que el Sasquash el compartió que habían estudiado en su clase el aparato de rayo Láser y aprendió como crearlo, así que terminaron juntos la tarea interrumpida y corrieron a la casa de Joaquín para empezar a recolectar los aditamentos que les permitirían la construcción de tan moderno dispositivo.

El asunto no podía ser mas simple, a los ojos del Sasquash, quien explicaba a Lucas mientras buscaban una lámpara de baterías, un vaso con agua y se colocaban juntos en forma que la luz se proyectara al través del vidrio y agua. Para que todo pudiera funcionar y desarrollarse adecuadamente, era indispensable que se hiciera dentro de un cuarto oscuro, no encontrando nada mejor que el closet de su habitación.

Así que ambos niños pasaron toda la tarde haciendo a un lado los zapatos para que se pudiera colocar con toda propiedad al invento, aunque poco a poco le empezó a surgir la duda a Lucas ya que si el asunto fuera tan sencillo como le era explicado, ¿por qué nadie más tenía uno así?

Al final de la tarde y después de haber pasado encerrados en el armario un par de horas, salieron uno explicando que hay que dejarlo toda la noche para que el rayo madure al típico color rubí del láser y el otro convencido de haber perdido la tarde encerrado con un orate.

Al otro día, el rayo había cambiado de color, era ámbar acercándose a rojo estando muy orgulloso el Sasquash de su genialidad y Lucas muerto de la risa por que se le acabana las pilas a esa lámapara.

Ah caray, la imaginación infantil no tiene límites.

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viernes, 22 de octubre de 2010

DE LA CAVA DEL PATRÓN. Abuelo.


Lucas recibió el fin de semana pasado el aviso de que el próximo año será abuelo, su hija Dosita será madre por primera vez y a una edad fantástica, ni muy muy ni tan tan. Es decir ni jóven ni grande.

Y Lucas se sentó en varias ocasiones a reflexionar sobre el asunto de ser abuelo, recordando al suyo que falleció cuando él tenía 7 años. Pero durante ese tiempo, le aportó siempre dulzura y risas, comprensión y seguridad.

A pesar de ser un hombre muy duro en la disciplina, con Lucas tenía paciencia y buen humor. Hombre forjado por la dureza de la vida, su "PapáLuis" tuvo que hacerse cargo de la familia cuando su padre abandonó el hogar y eso le llevó a verse presionado y muchas veces acorralado por las circunstancias que le tomaban muy verde o en posición desfavorable. Pero siempre salió adelante. Pudo ver con orgullo como sus nueve hijos se hicieron personas de bien y útiles al país.

Pero cuando Lucas arribó, encontró el gusto de ver a un ser tomar vida y fuerzas diariamente. Siendo ya jubilado de Ferrocarriles Nacionales, esperaba diariamente la llegada de la escuela del escuincle quien al ser el último en el reparto del autobús escolar, llegaba irremediablemente dormido; pero podía contar con un abuelo que subía al camión, tomaba al chico en sus brazos y lo metía a la casa con todo y la carga que significaba la mochila de cuero repleta de cuadernos (de kinder, eso sí).

Al paso del tiempo, disfrutaba mucho ver el derroche de energía del chamaco cuando se subió a su patineta recién obsequiada y recorría el patio principal de la casa de un extremo a otro sin cansarse. Colorado, sudado y agitado, se estrellaba contra la pared, despostillándola ante la complacida aprobación del abuelo. Nadie podía regañar al vandalito pues se las verían con el patriarca. Incluso cuando tenía Don Luis el mal tino de bajar los tres escalones hacia el patio, corría el riesgo de que Lucas lo atropellara o le pisara los callos con las ruedas, cosa que sucedió en varias ocasiones, aguantando el abuelo todo, absolutamente todo.

Y con ese recuerdo aún anidado en la cabeza de Lucas y el cariño intacto en el corazón es que se prepara para una nueva etapa, llevar ahora el papel de cómplice, tolerante y desbordante de cariño como él lo vivió en su abuelo, en su "PapáLuis".

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viernes, 15 de octubre de 2010

DE LA CAVA DEL PATRÓN.Escape Motorizado.


Lucas regresaba de su trabajo bancario cuando encontró a Pompillo en su motocicleta. Decidieron subir a dar una vuelta por las calles, a pesar de que saco y corbata no era precisamente el mejor atuendo para el evento. Pompillo vestía informal y se caló el casco; Lucas vestía formal con portafolios incluído y carecía de casco.

A pesar de la escena absurda, partieron a girar por la zona hasta que se toparon con una patrulla. Inmediatamente les hicieron la señal de que se detuvieran pero el acelerador obedeció al comando pompillesco y aumentó el flujo de gasolina a la cámara de combustión acelerando la velocidad y el sonido de escape.

Ambos chicos volaban mientras la patrulla los seguía, notando que una segunda unidad policíaca entraba en escena. El piloto decidió tomar hacia las partes altas del lugar delatando su posición al perder revoluciones el motor, bajando los cambios a fin de exigir mayor potencia por lo que los vigilantes tomaron también cuesta arriba.

La pregunta de Pompillo resonó en los oídos de Lucas "¿Traes lana para la multa?" La respuesta afirmativa se sustentaba en el hecho de que precisamente ese había sido día de pago para el trajeado pasajero, por lo que se intensificaron la huída y el flujo de adrenalina.

Subitamente, se dieron cuenta que habían llegado a un punto ciego, a un callejón sin salida. Por lo que hábilmente, Pompillo decidió apagar el motor, bajar subrepticiamente entre lotes baldíos y en una zona de maleza alta, acostó la motocicleta ordenando el pecho-tierra mientras los uniformados pasaban raúdos por las calles, extrañados por la desaparición de los escapistas.

Tierra, hierbas, cardos y hojas fueron sacudidos del saco, de la corbata, del cabello y pantalón de Lucas, mientras las carcajadas de Pompillo coronaban esa aventura. Pero se prometieron no tentar a la suerte más, empezaba a ser un juego peligroso e insensato.

Carambas, la inocencia se perdió entre la maleza.

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viernes, 8 de octubre de 2010

DE LA CAVA DEL PATRÓN. Sac.


Ahora que Lucas salió de vacaciones y se hospedó en el departamento de su hijo, se topó con un ser fantástico, de humor ligero y alma gentil. Siempre dispuesto a disfrutar de la vida hasta con las cosas más simples.

Lucas conoció a Sac, el Bull Terrier de su hijo quien derrocha muy buena vibra y gentileza. Es amable e incluso tierno. Wikipedia aporta la siguiente descripción de la raza: "Los Bull Terrier son por lo general perros amigables, rara vez agresivos. Su fuerza física es comparable a su inteligencia, y tanto su cuerpo como su mente deben mantenerse activos. Necesitan tiempo para correr y hacer ejercicio. No son muy indicados para principiantes en la cría de perros, ya que tienes que dedicarle mucho tiempo a educarle, Son perros muy cariñosos y adoran la compañía, así que no es buena idea dejarlos solos durante mucho tiempo, dado que con sus potentes mandíbulas pueden ocasionar muchos daños en la vivienda si se aburren".

Sac, así llamado por su color (recordemos que en la lengua maya así se le designa al color blanco), estableció de inmediato buena comunicación con Lucas quien recibió la deferencia por parte de su hijo de dormir en su cama. Así que durante la madrugada, Sac se acercaba a la cama y colocaba su hocico puntiagudo sobre el colchón observando al bello durmiente hasta que resoplaba fuertemente y Lucas abría los ojos, encontrando una nariz húmeda cerca de su rostro, seguida de un par de ojitos y orejas. Lucas sonreía y acariciaba a Sac, quien al ver que no había más respuesta emitía gemidos demasiado agudos para el tamaño del animal.

Y pronto obligaba a Lucas a pararse recibiendo con mucha alegría el evento y acompañándolo a todos lados, incluso deseando entrar tras él al baño, cosa que le era prohibida. Cada vez que se colocaba los calcetines, Sac intentaba con mucho éxito atraparlos antes de que cubrieran al pie. Gozaba completamente del juego con botellas de plástico y aplanaba completamente las tapas.

Pero una mañana en que se hijo había salido a trabajar, Lucas y Sac estaban juntos en el comedor y mientras usaba su computadora, Sac jugaba con una botella de plástico. Ocasionalmente, el perro pedía atención colocando una de sus manos sobre la pierna del hombre e incluso levantándose sobre sus patas. Lucas lo bajaba muy contento hasta que repententinamente escuchó un grito de dolor proferido por el can. Lo vió correr apurado hacia sus cojines y cuando Lucas se dió cuenta, vió que el cable de corriente enchufado a la pared estaba masticado.

Así que Sac recibió una descarga importante de 120 V por lo que lo revisó sin que hubiera daño alguno. Sin embargo, el perro decidió quedarse quieto por un buen rato una vez completamente recargado de electricidad.

Pero así es Sac, que le vamos a hacer...

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viernes, 17 de septiembre de 2010

DE LA CAVA DEL PATRÓN. Motoavalancha.


Dado que en el grupo de amigos había dos motocicletas unicamente, hubo que inventar alguna forma de diversión para todos, más allá de cargar en el asiento con un pasajero. Y pronto pero muy pronto surgió la gran idea.

Aún conservaban sus coches de baleros de la infancia y con un par de cuerdas completaron el proyecto. Amarraron los coches a las motos y con dos cabalgando en cada una, podrían arrastrar a un tercero siendo seis lo que pasearían en con dos caballos de hierro.

Pero de la idea original a las carreras moto-cochizadas fue un lapso muy breve. Las antiguas pistas pintadas con gis o ladrillos, de media cuadra, con curvas cerradas, brincos en las banquetas y rectas cortas, se transformaron por la potencia motorizada a una cuadra completa. Se pudo acelerar vertiginosamente en rectas largas, tomar curvas muy rápidas haciéndose necesarios cascos, hombreras y casi todo el equipo de un jugador de futbol americano (Lucas jamás ha podido entender como se le nombró a ese juego futbol, pues lo que menos hacen es tocar la pelota con el pie, ay los gringos).

La temporada de carreras moto-cochizadas estaba en la fase preparativa reuniendo los implementos de seguridad, definiendo los circuitos y dada la diferencia de tamaño entre la mini-moto de Lucas y la Enduro de Pompillo, había que equilibrar fuerzas. Poco a poco, todos estaban haciendo equipos, el jinete de la moto y el piloto del coche; determinando estrategias para tomar curvas, frenar juntos, acelerar y tratar de ganar.

Pronto llegó la fecha inaugural, los dos equipos estaban listos y la pista de doble carril, marcada con color ladrillo. La emoción flotaba en el ambiente y los chicos exudaban impaciencia.

Mientras tanto, sin saberlo el grupito de púberes, la policía secreta materna hacía pesquisas aceleradas a fin de averiguar lo que los chavos traían entre manos. Suposiciones, conjeturas, atar cabos y el empleo infalible de los sensores de madre, produjeron su resultado a tiempo. La hermosísima Madre de Lucas interrumpió la parrilla de salida, justo en el momento en que las motos aceleraban sus motores con la primera velocidad engarzada, el clutch apretado por manos temblorosas y los pilotos ataviados más para una guerra que para una carrera, bloqueó Doña Lupita la partida obligando a los pilotos infernales a cancelar el proyecto.

"Muy peligroso, irresponsables, ¿qué no se dan cuenta?, chamacos éstos, le voy a decir a sus padres" y muchas otras razones ametrallaron a los chicos que ya habían abortado la salida, apagado sus motores, removidos los cascos y desinflado el ánimo.

Sin embargo, se habló durante semanas de lo emocionante que fué y lo que pudo haber sido, accidentes incluídos.

Chin, otra aventura desmantelada por el radar materno.

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domingo, 12 de septiembre de 2010

DE LA CAVA DEL PATRÓN. Cerrear.


Armados con sus motos, Lucas y Pompillo acordaron que el sábado sería el día ideal para salir a campo traviesa, a entrar a los senderos y probar la resistencia de motos y pilotos. Suspensiones y llantas estaban diseñadas para ese propósito, pero averiguar si los intrépidos muchachos soportarían la jornada, era el objetivo.

Cargaron los tanques con combustible y las mochilas en la espalda con agua y comida. Se colocaron los cascos y partieron temprano el día señalado rumbo a los cerros que rodeaban el lugar en que vivían. Lucas le retiró el silenciador del mofle, pues a consejo de Pompillo, era preferible hacerlo pues así podrían escuchar su sonido sin alterar y los gases de la combustión no se atorarían proporcionando potencia adicional.

Al entrar en el sendero, la vegetación era rala más un páramo que un sitio arbolado pero conforme se fueron adentrando e iniciarion los caminos sinuosos, con subidas, bajadas, rocas y muchas difcultades, aparecieron los primeros indicios de bosques. Muy pronto se cerró la vegetación, bajó la luminosidad y la calma de las arboledas se rompía con los aceleradores de los caballos de acero.

Lucas y Pompillo volaban, en sentido figurado y en el literal. En ocasiones, las cuestas detenian su carrera pero al otro lado, la bajada agregaba ímpetu; pronto encontraron rampas naturales que enviaban a los acelerados al aire, cayendo metros adelante. Lucas aprendió al ver a Pompillo que era necesario jalar el manubrio en el aire para aterrizar con la llanta trasera, impidiendo así una machincuepa peligrosa.

Uno que otro arroyo se les atravezó en el andar, pero ni el agua les detuvo. Cruzaban donde la turbulencia les indicaba que el fondo era rocoso y poco profundo. Evitaron sabiamente por consejo de Pompillo los remansos tranquilos pero profundos.

El tiempo empezó a hacer mella pues el constante abrir y cerrar de las manos para frenar, acelerar y meter el clutch, cobró su cuota. Poco a poco, se entumercieron y hubo que aprender a realizar los cambios directamente, sin lastimar a la caja de velocidades. El combustible bajó de modo importante asi que la pausa se hizo necesaria para rehidratarse y comer algo.

Desandar lo andado fue más sencillo pero con la melancolía de lo que termina, de saber que se acerca el final.

Y la hermosísima Madre de Lucas desencajó la mandíbula al tiempo que abría desmesuradamente los ojos y le preguntaba: ...pero, ¿qué te pasó? La cara de Lucas estaba completamente cubierta con barro, excepto en los ojos, donde le cubrían los goggles.

Já, escena digna del final de un día memorable.

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viernes, 3 de septiembre de 2010

DE LA CAVA DEL PATRÓN. Minimoto.


Cuando Lucas tuvo la edad suficiente, su Padre el recio Ing. Saint Martin decidió que era tiempo para que el escuincle se hiciera responsable de algo, cosa terrible para el niño.

Durante las vacaciones de verano, tuvo que acudir a la fábrica de pinturas donde trabajaba su Padre para prestar algún servicio y recibir a cambio algo de dinero. Se le asignó la tarea de limpiar y acomodar el archivo muerto, cosa que le sirvió al chico para desenterrar una gran cantidad de revistas y disfrutar lecturas que no caían en sus manos.

Con el dinero ahorrado, consiguió que le aportaran a su hermano otra cantidad suficiente y pudieron comprar una mini-moto. Estaba preparada para campo traviesa con una tijera larga, el manubrio con el refuerzo central, llantas con tacos y escape calculado.

Y dado su tamaño minúsculo, el recio Padre de Lucas se aseguró que los accidentes fueran a baja velocidad. La gasolina se alimentaba del tanque del VW paterno, succionandola con una manguera hacia el envase, pagando el precio al tragar algo del desagradable combustible y aguantando durante un tiempo aliento de dragón.

Debido a que tenía un motor de dos tiempos, era necesario mezclarle a la gasolina una cantidad definida de aceite, por lo que Lucas visitaba regularmente las gasolinerías (gasolinera es la mujer que despacha combustible) y se dedicaba a juntar de chorrito en chorrito una buena cantidad de aceite de entre la basura.

Así pudo el escuincle aprender a "cerrear" es decir, recorrer montes en moto pues sus amigos también tenían la propia. Aprendió a brincar, a "hacer caballitos" y divertirse con mayor movilidad. Y las aventuras comenzaron, cosa que serán registradas en éste blog.

Uf, ¿Lucas motorizado? Lo único que faltaba...

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viernes, 20 de agosto de 2010

DE LA CAVA DEL PATRÓN. Fredy.


Las fantasías sobrenaturales has sido parte de la mente juguetona de Lucas, quien vive soñando y por las noches, sueña tan vívidamente que a la mañana siguiente, recuerda muy bien lo que experimentó. En la casa paterna de Las Arboledas, con su arquitectura colonial, esos elementos eran combustible de alto octanaje para sus historias, cuando se encendía la chimenea en noches frías, las sombras bailaban marcando el ritmo a su imaginación.

Pero hubo eventos que pasaron de los sueños a la realidad. Su hermosísima madre notó que por las mañanas, objetos decorativos en el trinchero del comedor, estaban movidos, cambiados de lugar o de plano, desaparecidos. Ocasionalmente se escuchaba a la pianola emitir algunas notas aleatorias cuando toda la familia estaba en la planta alta. A la hermana de Lucas, Abis, le empezó a rondar una sombra que lejos de espantarla, le cuidaba. Y las bromas aumentaron cuando a doña Lupita le desaparecían monedas, anillos, aretes e incluso, billetes.

La familia se acostumbró a convivir con quien no podían ver y fue bautizado como Fredy. Cada vez que alguien perdía algo, era común verle invocar en voz alta a Fredy comandándolo a devolver lo extraviado. Curiosamente, después de esa interpelación, el objeto perdido, aparecía en el sitio en que debiera estar originalmente.

Un domingo en que Lucas ya no vivía con sus padres y que había jugado tenis con su Padre, el recio Ing. Saint Martin, se quedó bañándose en la casa paterna, mientras la familia se había adelantado para comer en la casa de las tías. Mientras estaba solo en la ducha, empezó a escuchar el conocido sonido del taburete del tocador de sus hermanas, arrastrarse por el piso.

Sabiéndose solo en la casa no cerró la puerta del baño, corrió la cortina y observó al mismo tiempo en que se ponía la carne de gallina como el taburete se arrastraba hacia otra habitación sin que nadie visible lo moviera. Presa de la inquietud por la visión, comandó en voz alta a Fredy para que dejara de jugar. El taburete regresó a su sitio.

Lucas abrevió su baño, se vistió apresuradamente y sin peinarse partió a alcanzar a su familia. Al verlo su hermosísima madre lo reprendió por lo descuidado de su aspecto, pero al contarle de la visión, comprendió que ningún peine entraría en ese momento pues los pelos estaban parados de punta por el terror, más que por descuido.

Tiempo después, sus padres vendieron esa casa y la relación con Fredy concluyó. Aún se le recuerda como un miembro más de la familia. Muy juguetón pero asunto sobrenatural.

Ay, nanita...

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