viernes, 8 de enero de 2010

CABEZA DE CUENTO. Para Detonar una Bomba Atómica.


Adquiera en el mercado la bomba atómica que usted requiere.

Para su correcta detonación siga las instrucciones del fabricante.

J.L. Rodríguez Avalos

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DE LA CAVA DEL PATRÓN. La Rumorosa.


Después de atravesar el desierto de Sonora y pasar un tiempo agradable en Hermosillo, se enfrentaron al monstruo que les separaba de Tijuana: La Rumorosa. Es una zona montañosa desértica, anteriormente cubierta por pinos, que durante el verano llega a tener temperaturas de mas de 40°C.

Dentro del "vochito" la situación era más bien sofocante ya que dos adultos y cuatro niños se cocinaban en sus jugos. Lucas le suplicaba a su Padre, el recio Ing. Saint-Martin que abriera las ventanas ya que el niño consideraba inhumano que con tanto calor, los vidrios estuvieran arriba como si el ambiente fuera muy frío. Ante tanta insistencia, su Padre decidió bajar su ventanilla y ante la expectativa del niño de refrescarse un poco, Lucas recibió un terrible golpe de calor, aire que parecía salido de un horno de pan, más que del ambiente. De inmediato suplicó que se subiera la ventanilla y decidió cerrar la boca el resto del día.

Hasta que supo que subirían La Rumorosa, preguntó por qué se llamaba así a lo que su Padre le contestó: Se le llama La Rumorosa por el ruido que hace el viento al estrellarse en las paredes rocosas. ¡Changos! eso lo tendría que ver. Empequeñecido por el tamaño de las montañas, el convoy del VW Sedán verde, arrastrando desde el techo su casa amarilla parecía más un insecto que un artificio mecánico.

Observar desde la parte alta del grupo de elevaciones, les dió la enorme satisfacción el ver como se alejaban del desierto, acercándose con cada minuto a la ciudad de Tijuana, desde donde podrían atravesar la frontera y poner rumbo a Estados Unidos.


Si quedaba algo de ellos, pues Lucas sentía como se iba licuando poco a poco. Pá su...

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EL PORQUE DE LAS COSAS. Sin Decir Agua Va...


En la Edad Media, el sistema de alcantarillado y el cuarto de baño en las casas europeas no eran tan comunes como en nuestros días; de hecho, para satisfacer las primarias necesidades fisiológicas, las familias de entonces utilizaban bacinicas (comúnmente llamadas bacín, bacinillas e incluso "escupideras", porque primitivamente cumplían esa función) dentro de las cuales depositaban sus abluciones.


Era algo cotidiano, entonces, que por las mañanas, las señoras de la casa recogiesen estos recipientes y vaciasen su contenido simplemente arrojando desde las ventanas su contenido (en este caso, exclusivamente líquido) a la calle, pero poniendo mucho cuidado de advertir a los transeúntes del peligro inminente, para lo cual exclamaban a viva voz: "¡Agua va...!".

Con el tiempo, y cuando las instalaciones sanitarias progresaron, desapareció la costumbre, pero el dicho permaneció en el uso popular como sinónimo de advertencia.

Claro que también surgió la variante: sin decir "¡agua va!", equivalente al actuar sin la precaución de advertir a alguien sobre la acción que uno iba a acometer, muchas veces perjudicando al otro, tal como hubiera obrado una señora de aquellos tiempos que se dispusiera a arrojar el contenido de la bacinica sin avisar...

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EN EL METNAL. Más Mentiras.

No empezamos bien, el año arranca como un coche con el motor fuera de tiempo. Felipe Calderón auguró (la RAE define augurar. (Del lat. augurāre).
1. tr. Adivinar, pronosticar por el vuelo o canto de las aves u otras observaciones. 2. tr. Presagiar, presentir, predecir.) que 2010 será un "buen año" para México, porque además es "el de la patria", y recomendó celebrarlo con alegría.

Vamos por partes y despacio Mr. Calderón. Augurar desde una presidencia es aventurarse por caminos poco decentes y seguros, pues entra en zonas de adivinación, en vez de asegurar. El 2010 no será un buen año para México ni para los mexicanos. Que sea "el año de la patria" no nos hace ni felices ni nos proporciona lo que se requiere para celebrarlo con alegría como dice.

En un país petrolero, que tiene que importar gasolina y resulta muchísimo más cara que en países no productores, no hay nada para celebrar. Cuando el gobierno federal subrepticiamente y a escondidas (así empezó su gobierno, ¿se acuerda?) aumenta los impuestos de los combustibles, es una obligación para cualquier productor aumentar precios a sus productos, pues se transportan en vehículos impulsados por esos combustibles ahora más caros.

Y sus esbirros bufonescos se apresuran a gritar con voz en cuello, que nada de lo que ustedes hacen es inflacionario. Pero aumentó el precio del gas, de la electricidad y vemos que hay productos de la canasta básica que ya subieron hasta en 45%. Las tortillas por acá donde vivo, se venden a $15.00 Kg. Al aumentar el IVA, disminuye lo que adquirimos. Con las mismas monedas, compramos menos.

Y se atrevió a decir: "Yo quiero que celebremos con alegría y con patriotismo; que celebremos trabajando en cada hogar, en el gobierno, desde luego, y protegiendo y preservando lo mucho que hemos conseguido como nación en 200 años de ser orgullosamente mexicanos". Chirriones, o es usted un mentiroso descarado o es muy bruto. Nadie, con hambre, con carencias y un nanosalario podrá celebrar algo.

¿Y no lo vió?

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GYM NEURONAL. Las Reglas.

Mi estimado amigo Watson tuvo a bien enviarme este texto que considero pertinente reproducir tal cual, ya que explica ampliamente las fallas educativas en las nuevas generaciones. Amén de su lugar de orígen, es fácil aplicarlo a nuestro entorno. Y felicito ampliamente al Dr. Rosen por su claridad.

(El Dr. Mario A. Rosen es médico, educador, escritor, y empresario exitoso. Tiene arriba de 63 años. Socio fundador de Escuela de Vida, Columbia Training System, y Dr. Rosen & Asociados. Desde hace 15 años coordina grupos de entrenamiento en Educación Responsable para el Adulto. Ha coordinado estos cursos en Neuquén, Córdoba, Tucumán, Rosario, Santa Fe, Bahía Blanca y en Centro América. Médico residente y Becario en Investigación clínica del Consejo Nacional de Residencias Médicas (UBA). Premio Mezzadra de la Facultad de Ciencias Médicas al mejor trabajo de investigación (UBA). Concurrió a cursos de perfeccionamiento y actualización en conducta humana en EEUU y Europa. Invitado a coordinar cursos de motivación en Amway y Essen Argentina, Dealers de Movicom Bellsouth, EPSA, Alico Seguros, Nature, Laboratorios Parke Davis, Melaleuka Argentina, BASF).


LAS REGLAS DE MI CASA.

En mi casa me enseñaron bien.
Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:

Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.
Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.

Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Una exigencia de mamá, que nadie discutía... Ni siquiera papá.

Astuta la vieja, porque así nos mantenía a raya con la simple amenaza: "Ya van a ver cuando llegue papá".. Porque las mamás estaban en su casa. Porque todos los papás salían a trabajar... Porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.

No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la
Autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.

Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un
cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme
esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas.. Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia.

Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y
consistentes como eran "lavarse las manos antes de sentarse a la mesa"
o "escuchar cuando los mayores hablan".

Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No había diferencias. Éramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera.

Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié "las reglas" mediante el
sano y excitante proceso de la "travesura" que me permitía acercarme al
borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente. .

La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me
permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo y no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo predecible..

El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas.. Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo. Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a cumplir.

Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi
casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y
dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había
"travesuras" sin "castigo", y una enorme cantidad de "reglas" que no se
cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un boludo, si me lo permite).

El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba.
Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un
ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: "la
impunidad". ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad. En mi casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había piedad.

Le explicaré: Justicia, porque "el que las hace las paga". Piedad, porque
uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto más, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.

Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa.
Y así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que todo funcionara. En mi casa había una "Tercera Regla" no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado. Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:

Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase
responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su
lugar.

Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo. Eso es lo
que nos arruinó. LA INSOLENCIA. Usted puede romper una regla -es su riesgo- pero si alguien le llama la atención o es atrapado, no sea arrogante e insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable. Pisar el césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar... a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes. La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar, ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar. Así no hay remedio.

El mal de los Argentinos es la insolencia. La insolencia está compuesta de
petulancia, descaro y desvergüenza. La insolencia hace un culto de cuatro principios:

- Pretender saberlo todo
- Tener razón hasta morir
- No escuchar
- Tú me importas, sólo si me sirves.

La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los niños no tengan salud ni educación. La insolencia en mi país logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que, insolentemente, les impiden trabajar. Léalo otra vez, porque parece mentira.
Así nos vamos a quedar sin trabajo todos.
Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.

Bueno, y así están las cosas. Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi
casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que
demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas?


Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos tan fácilmente a los atropellos de los insolentes? Yo se lo voy a contestar.

PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además, aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero muy bien organizados. Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que estamos dispuestos a respetar estas reglas.

Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros. No tire papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un tacho de basura. Si no hay un tacho de basura, llévelo con usted hasta que lo encuentre. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel.

Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla.

Si es un automovilista, respete los semáforos y respete los derechos del
peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.

Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA. Yo creo que la insolencia colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual. Creo que la grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada…


Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier cosa.

Porque hay que aprender a hacerlo todos los días. Ése es el desafío.
Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el
tiempo. Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o cargará siempre con el arrepentimiento.

¿A USTED QUÉ LE PARECE? ¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE ?
Espero no haber sido insolente. En ese caso, disculpe.

Dr. Mario Rosen

(¿Sería mucha insolencia si pasa la voz?)

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LO DICHO DICHO ESTÁ. Bombas Yucatecas.

Para empezar el año con una sonrisa, viene bien disfrutar algo del humor yucateco, del empleado en sus bombas picarescas.

Bomba

A una mestiza coqueta
dije sincero y orondo
tendrás defectos, tal vez
pero ¡tienes un buen fondo!

En la esquina de tu casa
hoy martes te volví a ver,
seré tonto linda hermosa
si hoy no te invito a co...mer.

Ven hermosa a la jarana
a zapatear con premura,
ven y tráeme a tu hermana
¡aunque venga con el cura!

No me ha tocado ni un pelo
mi marido, Ana decía
y comentaba Carmelo
¡tiene mucha puntería!

Máre...

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Y SI FUÉ REAL. Música Plástica.

Nada que ver con los idolitos sintéticos de televisa o tvazteca. Esto sí fue real. Ingenio, tiempo y deseos comprueban que en nuestros genes está la genialidad musical.

Si tienes bocinas buenas, súbele, te encantará.


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